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De Quimeras y Ensoñaciones

Minino

Minino

Ey, minino, eres un gato ladino, de mirar seguido, de bigote fino, de temple felino, que afilas tus dientes con un mondadientes de palillo amarillo que contrastan con tus blancos dientes de puntiagudas coronas y desgarro fiero.
Una frente despejada, bien peinada, perfumada, con dones de don Juan, con mente clara, de mente inteligente, demente a veces, malicioso otras tantas, marrullero de los muelles donde patrullas de noche tras gatas en celo ó ratas despistadas ó disputas por bobadas tras las cuales tu linda cara a veces queda marcada por zarpazos desgarbados que muestran a las claras las navajas afiladas que otros gatos calzan en sus manos, mas hoy no se te aprecian arañazos de ningún encontronazo, te veo incluso guapo, bribón de tres al cuarto, una mirada perdida que trama, calculador, alguna idea taimada, una estrategia de caza, una ruta calculada hacia una víctima indefensa que no encontrará refugio a tus artimañas bien tramadas, alguien que caerá bajo tus zarpas de gato amaestrado en los muelles de carga, que aprendiste a defenderte de los diablos a fuerza de bastonazos, de carreras atropelladas, de fugas por alcantarillas que conoces pero odias, pues gatito, eres felino snob, bohemio pero elegante, relamido, medio pijo, que si por ti fuera cazarías ratones con guantes, sombrero, corbata, monóculo y una copa de aguardiente para enjuagarte esos afilados dientes, en los que portas, cuando enamoras, claveles rojos para tu gata mora.
Mi sagaz minino, tienes mirada de Humprey Bogar, de conquistador de gatas de alta alcurnia, de astuto como ninguno, de moverte por altas y bajas calas, de alcantarillas a cámaras de palacio, de burdeles a harenes, de un mundo underground a otro sibarita, de mercados con olor nauseabundo a pescado a jardines llenos del olor de jazmines, orquídeas, , menta, lilas, y delfines que se ahogan en piscinas sin espacio, de un mundo artificioso creado sin reparos por perillanes que sacan a su vida el jugo que les está siendo dado y ellos exprimen con sus zarpas y a dentelladas sin reparar en el mañana.
Pícaro minino, no me mires tan de fijo que me sacas de quicio, y no sé si llevarte a mi casa conmigo y atusarte esos bigotes finos ó lanzarte al agua de los muelles para que se te pase esa altivez de mirada y ese orgullo tan petulante y engreído que te gastas, quedas avisado mi chusco amigo de pelaje amarillo, yo te quiero, mi gatito lindo, aunque seas un cuco, aunque caces ratones, aunque afiles tus dientes tras los callejones, no es necesario que corras, ya sabes que nunca juego al juego del “corre, corre, que te pillo”, tan sólo te miro desde mi ventana, desde lo alto, lejano, observo tu juego, me río con tus piruetas, tus galanteos, tus trifulcas a deshoras, tus idas y venidas por las avenidas, por el bulevar de los sueños rotos, mi pillo minino, a veces, intento convertirme en ti, salto la ventana y te sigo en tu peregrinaje hacia otras partes, te acompaño por los muelles y me siento a verte, y siento que a veces, cuando ya te has ido, te recuerdo y te visto de amarillo en tu propio olvido.
Te daría un beso ahora mismo.

Escapada de un escaparate

Escapada de un escaparate

Molinos de tela hacían girar las aspas al ritmo caribeño de la salsa bamboleando la música con los pies provistos de alpargatas. El ventilador giraba tenaz e incesante sobre el techo, hecho lámpara, hecho molino en movimiento y una brisa fresca de mar se deslizó dentro de la tienda. Vestía de negro, de bohemia, una falda larga y amplia y una camisa ancha y desordenada, y sobre su hombro un bolso, lleno de sol, una solemne soledad que apaciguaban sus paseos y sus paradas frente a escaparates de todo tipo de estilo, le gustaban los de las tiendas de arte, los cuadros de las tiendas de fotografía, las joyerías que exponían figuras de cristal, las pajarerías, los pets shop, las tiendas de disfraces, las maquetas de luz y agua, las tiendas de recuerdos para turistas, las pastelerías, la tienda de chimeneas, la de golosinas, mirar el cristal y ver volar en su reflejo cigüeñas y golondrinas y a veces, notar que alguien se detenía a su lado, contemplando absorto el interior de aquel mundo que se abría tras el escaparate y en esos instantes, soñar por un momento que alargaba su mano, se decían dos palabras, y rompiendo su solemne soledad atravesaban la puerta del local, juntos, a participar del juego y no ser tan sólo una espectadora de escaparates. Invariablemente, aquel ser real que se detenía a su lado, lo hacía siempre fuera de su universo y terminaba por seguir su rumbo, sin mediar palabras, sin participar en su juego. Invariablemente.
La tienda de peluches siempre le había atraído, se detenía a contemplar esos seres que parecían tan frágiles y tiernos, tan huérfanos, tan delicados, tan ella misma, allá dentro, de todos los colores, formas y tamaños, tan suaves por fuera, blandos, que le daban ganas de cogerlos y abrazarlos a todos, estrujarlos contra su cuerpo, rozar su cara, sentir el tacto sedoso de aquellas figuras de peluche sobre su piel y … ¡ Un conejo le había guiñado un ojo! , tenía orejas largas y una sonrisa digna de un forajido de leyenda. Seguro que fue el reflejo del sol al incidir sobre su bolso.
Entró en la tienda. El molino de tela giraba sus aspas. Se respiraba paz y calma. Silencio. Los peluches no hablaban. La suavidad se había instalado en aquella casa. Le pareció profanar la intimidad de aquellos juguetes, la solemne soledad que los peluches gozaban tras el cristal, pero era una profanación que la hacía sentirse bien y feliz, era como fundir dos soledades en un abrazo, la de aquel conejo de largas orejas, que ahora estrujaba entre sus brazos, y la suya propia, tan íntima y personal.
Le gustaban todos, ahora que estaba dentro y los contemplaba de cerca, le hubiese gustado llevarse a casa todos los muñecos de peluche de la tienda, ó mejor, tumbarse entre ellos y quedarse allá, como una figura más del estante, para retozar, voltearlos en el aire, darles besos en los ojos azabache, en los hocicos color endrino, en sus cuerpecillos de duende, y perpetuarse en un sueño, en un duermevela nunca interrumpido mas que por el susurro de cientos de peluches hablandose muy bajito en la noche, los unos a los otros, la rana verde al oso gigante, el perro chico al pulpo bizco, el mono al tigre manchado, la bella princesa a la bestia grotesca, el lagarto ocelado al gato sin botas, y sin embargo, guardaban silencio, y le hubiese gustado quedarse a su lado, aunque no hablasen, aunque no le guiñasen los ojos, pero con ellos, y sin embargo debía elegir, y eligió un conejo y un lindo perrito que tumbado panza arriba descansaba al lado de una madre de peluche, que sin ella darse cuenta, dejaba escapar un grito al ver como se lo arrebataban de su lado. La solemne soledad cambió de bando.
Es hora ya de cerrar, de echar los cierres metálicos, de iluminar la tienda para que sirva de reclamo al paseante nocturno, de volver a casa, de colocar a los pies de la cama dos peluches de farándula y fandango, de adormecerse en la noche sobre las sábanas y dotar a la madrugada de su propia magia, la compañía de una habitación que va perdiendo las formas, licuándose en sueños venideros, en los cuales los peluches se te abrazan y te dan besos, te achuchan, te lamen, comparten sus ratos buenos, sus ratos tiernos, sus juegos.
Cuando despertó, el perrillo de peluche no estaba a los pies de la cama, en la noche, una madre de fábula lo raptó y huyó con él por la ventana. Se quedó mirando, tendida sobre la cama, su conejo de peluche de largas orejas, durante un largo rato, pero el teatro se quedó vacío, sin un solo guiño, sin un solo gesto de afecto.
La solemne soledad volvió a cambiar de cama.
Abrió las ventanas al frescor de la realidad de la mañana y pensó en visitar de nuevo la tienda de peluches para darle los buenos días a .. ¿quién sabe? , quizá algún varonil bohemio que se parase ante el escaparate.

La niña gitana

Llegaron de madrugada, con su caravana, su alegría y su tristeza y dijeron, hoy nos quedamos aquí, aquí hay agua.
Ese agua brota de un caño sobre una pared de piedra de un barrio de una ciudad que es pueblo, pero que es más grande que muchas ciudades que no son pueblo. Es una familia de gitanos.
Por la cuesta que sube arriba mana agua, mana agua de la piedra y mana agua de la tierra, y el agua que mana de la piedra que es pared sube cuesta arriba para intimar con el agua que brota del suelo.
Y la gruta en las laderas de la montaña son ojos grandes que miran correr al agua por el desfiladero y la falda de la montaña se llena de ortigas, piedras y guerra; ortigas de hoy, piedras de mañana y guerra de ayer.
En el suelo una jeringuilla semitapada por las hojas muertas, semienterrada en el barro que el agua crea, semiolvidada. Y en un letrero del Ayuntamiento :
"Prohibido lavar vehículos, bajo sanción", retocado por la mano del artista, con los colores negros que lo han transformado en:
"xxxxxxxxx lavar xxxxculos.
E inclinado sobre el chorro de agua, la gitana vieja lava la ropa, la gitana joven vierte el agua sucia, el perro chico ladra, la caravana descansa, y la niña juega con un coche rojo de plástico sobre la hierba embarrada; mil pequeños trapos lavados mil veces reposan plácidamente sobre la alambrada que rodea a la finca que antes era fábrica de humo.
Hoy se han quedado, mañana se irán, porque no van a dejar, no van a permitir que les echen, ellos se irán; pero hoy la mesa, la ropa, el juguete de plástico, el cubo negro de la ropa disfrutarán del suelo, del agua, del barro y del alambre.
La niña gitana sube cuesta arriba por donde el agua mana, una bolsa de tela en su mano y un puntito de luz infinita en sus ojos; las primeras casas ya no están lejos y tras sus puertas hay sobre todo payos.
-Me podría dar un poco de ropa-dice la niña gitana en un susurro.
Y los corazones se caen a los pies de vergüenza y las manos rebuscan en los cajones y hay jerseles viejos y camisas y pantalones nuevos de hace doce meses.
Y la niña gitana vuelve a llamar a la puerta cerrada, donde dos ojos miran por el cristal que hay en la puerta y alguien escondido no quiere abrir a nadie extraño, ni a hombre, ni a niña, ni viejo, ni a Dios.

-¿Que te han dado hoy, niña?
-Na, na. Todo está en la bolsa.

Y el trozo de pan y el chorizo de una mujer que no tenía cristal en su puerta fue a parar......¿lo sabes tú?; ó al perro preñado del lechero ó al estómago de la niña, ó al rincón de un portal ó a las tripas de la gitana, ó a los gorriones del camino, ó a la barriga de la niña gitana, ó al barro del agua.

peccata minuta

peccata minuta

Sostenía una copa de coñac en la mano derecha y la primera edición del periódico de la mañana en la izquierda, de pie, junto al alféizar de la ventana, con la mirada perdida depositada en un mundo irreal, en un Olimpo de color verde oliva, verde pipermin, ese licor de menta que ella tanto apreciaba, donde cobraba vida el recuerdo de tragicomedia acaecido la madrugada atrás, que desmentía el libelo publicado que acaba de leer en aquel trozo de papel que ahora estrujaba y exprimía en su mano queriéndolo hacer desaparecer, reducir a polvo de estrellas cual hojas secas desmenuzadas al pisarlas con los pies.

Ahora dormía con los peces de colores en el acuario del hotel, semioculto entre hierbas y piedrecitas del fondo, despreciado por los rojos y coloridos moradores de aquel ecosistema acuático, el aro de oro con incrustaciones de diamantes, el anillo de compromiso dormía esotérico y clandestino sobre el limo de aquella imitación de un fondo marino, ignorado por las algas que acariciaban su metálico brillo y se enredaban entre la formación cristalina de carbono puro que coronaba su cima, sus diamantes, ahora enterrado en la miseria del olvido de una pecera de peces de colores tropicales de un hotel de cinco estrellas.

Se había forjado el oro del anillo a sangre, sudor y fuego en la fragua del platero más exquisito de la ciudad y traídas las piedras de las minas del África recóndita y profunda para ser engastadas con maestría artesana por las manos de un cirujano con el más afilado bisturí. La indescriptible belleza de aquella pieza de orfebrería tenía un destinatario con nombre de mujer, dotada de una sensualidad desbordante, de esas que hace mirar la vista atrás al caminante, silbar, girar la cabeza para contemplar por detrás y por delante monumento semejante.
Se lo dijo con una pancarta enorme, bordada con hilos de oro y desplegada al viento a los pies del aeropuerto, al regreso de ella de su viaje de negocios, donde la esperaba enamorado y deseoso, portando en una caja ricamente decorada, un anillo de oro y diamantes.
Ella, sin él saberlo, se despedía con un beso de un apuesto pasajero que contempló desde lejos, con una risa cómplice y sarcástica, la pancarta en la cual se decía y preguntaba: “Te quiero. ¿Quieres casarte conmigo?”
Azorada y aturdida por el recibimiento, que se vestía con trazas de traición y remordimientos, en aquella sala enorme repleta de gente extraña que les miraba con deseos de infundir ánimos, ella le rodeó con sus brazos, despacio, desmayada, sin ganas y le contestó con un “si quiero”, bajito, embustero, desmañado. Su bajo entusiasmo quedó oculto y perdonado bajo el signo, la excusa del cansancio, del trabajo, de un viaje de regreso largo, la disculpa de un viaje aburrido y anodino, bajo un falso cansancio que ocultaba una infidelidad que llevaba visos de echar fuertes raíces en su corazón de ser egoísta y material, al que le brillaron los ojos de codicia al contemplar aquel anillo dorado que un hombre enamorado le colocaba tiernamente en su dedo anular. Y al contemplar su brillo, olvidó el brillo de los ojos del otro hombre, de su amante.

Tan sólo fue una peccata minuta. Un error insignificante. No volvería a pecar con el deseo de la carne, ahora era oficial y en cierto modo y a su modo, aquel rico y elegante tipo con el cual acababa de comprometerse en matrimonio, también tenía un cierto atractivo físico que no le era indiferente.
Un compromiso, un noviazgo corto, una boda de cine, lujos y derroches y con el paso del tiempo, a unos pocos meses vista, el brillo de un anillo con diamantes que se apaga y ya no luce como antes, ya no brilla tanto como los ojos de otros viandantes apuestos y gallardos que viajan lejos en viajes de negocios y se sienten solos y buscan acompañantes que rompan los instantes de tedio.

Tan sólo es una peccata minuta.

Estaba allí, de pie, vanagloriándose de su acto denigrante, jactándose de su propia cobardía, de su huida, navegando por el recuerdo de la madrugada teñida de sangre a la luz de la luna, riendo las mentiras especulativas del diario que sostenía en su mano y el alcohol que quemaba su interior no acostumbrado. Cuchicheos de hotel saltaban de clientes a encargados siempre manchados de sangre y con un número de habitación, la suit nupcial .
Se reía con jadeos criminales de aquellos distorsionadores de noticias que escribían libelos en el diario, que aun sostenía en la mano, sobre dos recién casados que habían sido asesinados en un hotel presuntamente por algún ajuste de cuentas entre mafias, pues el cadáver de la mujer había aparecido con el dedo anular cortado, símbolo de venganza de ciertas mafias occidentales.

Un detective recibía transferencias bancarias cargadas de ceros de un personaje anónimo para vigilar a una mujer de sexualidad exuberante que concertaba sus citas siempre en el mismo hotel de una ciudad lejana. El dinero mueve muchos hilos y fue fácil que a aquellos dos amantes se les acomodara en aquella suit pretextando falta de otras habitaciones, algo que ellos celebraron con agrado, sin sospechar que la fatalidad les acechaba tras las puertas de aquella habitación cerrada.
La venganza la consumó en la suit nupcial, predestinada, en el nido de amor.

Miró la pecera del hotel, a los peces parecía no gustarle el sabor de la carne humana.

Una mañana de duende

Suena el teléfono rompiendo el silencio, la paz, la calma, la armonía que domina esta mañana tranquila, el sosiego te deja pensar, pero el pitido insiste ….
¡ Coño¡ ¡Qué no pienso cogerlo ! . No es para mí. No es que no desee contestar, es que no es mi llamada.
Me gusta esta soledad. Tener las ventanas abiertas, oír a los gorriones piar, no hacer nada, escribir, que es soñar, romper el tedio del agobio, del trajín, del estrés. Hay momentos que necesito estar con mucha gente, otros, me gusta este estado, a pesar del dolor de cabeza, a pesar de mis miedos infundados. Bueno, va a ser que acabo de leer algo sobre el amor que es energía espiritual y esas chorraditas que no llego a entender del todo, ¿será necesario estar dotado con esa inteligencia que parece rodear el aura de todos los profetas para entenderlo? . Pos que me doten de ella.
Miro esos ojos enormes de niño, esas orejas de soplillo, esa calva en la que se adivinan cuatro pelos blancos, esa cara de pillo y eres divertido, jodido y feo, pero tu sonrisa y tu aspecto han dibujado una curva en mis labios, una sonrisa cual la tuya misma, es una foto grapada en la pared en blanco y negro, de esas que corren por Internet con una leyenda graciosa, y que adorna la pared con intención de levantar el ... el ánimo marchito de un día de trabajo, pero en este silencio, te me has aparecido sencillamente agradable y me gustaría que cobrases vida, que leches, que estuvieses aquí, sin hacerme preguntas, mirando lo que escribo, subido en mi hombro, notando tu presencia a mi lado, sin preguntas, mirando, pero ... , hummm, se te ve parlanchín y dicharachero, seguro que hablas y hablas sin parar y preguntas y preguntas y no paras ni te estás quieto un momento, -me vas a poner nervioso- , no me pidas que te siga pero no te marches de mi lado, no me reproches mis silencios ni mis senderos de magia que tomo cuando no quiero hablar de mis miedos.
!! Shit ¡¡ . Teléfono. ¡¡ Miii caaaaaaaasa !! . E.T. ¡¡Mi casa!! . Qué no, que no es para mi. ¡¡ A ver si se calla¡¡ . Uf, ya, ya se silenció.
Duende ... ¿No te has ido aun? . No lo hagas, venga, salta al otro hombro si ya estás aburrido, si te cansas de mis silencios, sal por la ventana, está abierta, y entra un fresquito muy lindo, ¡¡ Me encanta !! , sin aire acondicionado, esta mañana está espléndida. Oyes, la dejaré siempre abierta, siempre que entre el frescor de la mañana, yo, duende, tú ya sabes, estoy aquí siempre, me haces reír, pero no me pidas la luna, ni me exijas nada, ni me pidas que te entienda. No me entiendo a mi mismo … ¿Cómo quieres que entienda a un duende feo pero con cara de pillo que no se está quieto ni un momento?.
Esto es vida. Rediez. Qué paz. No, no, no, no duende, no, no lo digo porque te hayas ido, no, me gusta escucharte y reír contigo, lo digo por la mañana, la calma, la paz, el silencio que echaba en falta, ah, y el calor, el calor que no está conmigo, parece que se ha esfumado.
No quiero darte la razón ya que soy muy cabezota pero .. ¿será como tú dices que el calor sólo existe en mi pensamiento? . No, ni modo, son las ventanas abiertas que hoy he dejado de par en par y la calma las que han hecho volar el agobio del calor. Ya que el calor existe y lo tengo y no sé gobernarlo, hoy si, mira.
Y que mis jefes se han ido, jobar, que hay que decirlo todo.
!¡Que te calles, mardito telefonillo!¡ ¿No ves que el jefe no está?. Este teléfono es la mar de tonto, eh ... ¡Qué el jefe no está! ¡A ver si se entera usted sr. teléfono! ¡Qué no está! . Uf, parece que ya cogió la indirecta. ! “Sa” callao ¡
¡La madre que lo parió! . ¡A que lo desconecto! . ¡Pues no vuelve a insistir otra vez¡. Jobar, con lo maja que estaba quedando la mañana, ahora entenderéis mi odio a estos “paratos”. ¡Qué el jefe no está, que "sa io" a preguntar por la Dolores¡
¿Duende ...? . Ven, platiquemos un ratito, es que hace rato que te has ido y me gustaría que me cuentes, yo nada tengo que decirte, nada interesante, te puedo contar un cuento, un chiste ... , hace tiempo que no practico con ellos ...
Vaya, un lapsus interruptus. Chocolate ... ¿Me ha llamado chocolate? . Bueno, ¿Para qué le voy a preguntar? Y si ... me puedo poner a divagar, ¿será bueno ó malo? . No pregunto. Ves, duende, yo te dejo ir y venir, y reír y hablar de magia, y no me incomodo, es posible que no me entiendas porque yo no me escapo por las ventanas aunque a lo mejor quisiera hacerlo, y me tiendes tu mano y no la cojo, pero ¿dejarás de saltar sobre mi hombro por ello?. Si me preguntas y no respondo, no te estoy ofendiendo, y no es por ti, no está en ti, ¿entiendes?, no duende, deseo que estés, de uno a otro hombro saltando. No soy bueno con mis sentimientos, con esos que pueden hacerme daño ó darme miedo, y en el fondo no soy tan distinto, ya que a ti no te gusta tampoco verte feo y colgado de la pared, y aunque mis miedos sean distintos y más diversos e injustificados, irracionales – Parecíamos dos irracionales que se iban a Moscú mañana- no dejan de serlos.
Ey, un ladrón ha entrado y ha robado un no se qué en la impunidad de la confianza ... ¡¡ Jodío teléfono !! .
Va siendo hora de trabajar un poquito, duende, no me apetece nada, se está tan bien contigo, jugando, viéndote moverte sin pedir nada a cambio, sin intentar cambiarte ni dejar que tú me cambies (bueno, esto último lo podríamos discutir pero a mi modo, por favor) y creo que ahora me tomaría un café, unos pinchitos de queso y tortilla y dejaría de escribir, cerraría los ojos, que pican y molestan de vez en cuando, un masaje en el cuello en los hombros que parecen cargados y tensos y quedarte, duende, con lo que te cuento, es probable que quieras más de mi, pero no sé dártelo, no sé como, déjame ser yo como yo te dejo ser tú, tal como eres. Y hablando de dejar, te dejo, que esto parece que empieza a dejar de ser mañana tranquila y tengo que invitar a café y a trabajar un ratito. Ale, duende, vuelve a la pared.
Tengo ganas de una cerveza, voy al baño, y saco una "sin". Un beso.
He vuelto, ya ves, siempre vuelvo, son los duendes quienes os vais. Hacéis chas y desaparecéis de mi lado. Y yo que pienso que no tengo nada malo para ello.
Qué diablos, yo creyendo que era "sin" por política de empresa y ahora ya se me empieza a nublar la cabeza, me entra ese calor que detesto, pero como es hora de salir no me importa, ha sido un día estupendo. Un beso de nuevo.

¡ Hay que vivir !

- ¡No lo haga, espere por favor!
- Dame una razón por la que no deba hacerlo
- Le propongo una cosa. ¡Hablemos! .
Si yo no puedo convencerle, usted se tira al río. ¡Solo le pido que hablemos!
¿Por qué hace esto?
- ¡No quiero vivir!
Cada mañana todo es igual, siempre es igual, las mismas cosas, las mismas falsas apariencias, el mismo banco del mismo parque. No quiero sufrir más.
- Por favor, siga hablando. Dígame todo sobre usted
- Estoy solo, sin nadie. Nadie quiere al viejo vagabundo que duerme en un banco tapado por periódicos viejos cogidos de la basura. Nadie quiere al vagabundo que va con un abrigo roto y viejo de puerta en puerta pidiendo limosna. Yo ya he vivido mucho y nada de la vida me ha gustado , ¿para qué seguir? Paso frío y hambre todos los días, no tengo techo donde meterme a no ser en una estación del metro o bajo un puente, cuando tiendo mi mano para ayudar a alguien me dicen : “Anda , vete viejo, no nos haces falta”, cuando busco amigos todos se apartan de mí porque soy un viejo vagabundo. Cuando lloro porque estoy solo dicen: “vete de aquí borracho”. Nadie quiere estar conmigo, nadie desear hablar conmigo. ¿De que sirve vivir? Estoy solo, a nadie le importara que yo muera, nadie irá a poner flores sobre mi tumba. Nadie llorará por mí, nadie rezará por mí. Soy un cero que ya no vale nada, que ya no sirve para nadie. Que no tiene ganas ni fuerzas para luchar por ninguna ilusión.
Tú eres joven y no puedes entenderme, cuando era como tú tenía el mundo a mis pies, era capaz de comerme el mundo entero, mas ahora ya apenas puedo moverme de esta ciudad, no valgo para hacer nada, no puedo trabajar, me tiemblan las rodillas como un flan. No tengo a nadie en el mundo y nadie piensa en mi.

- ¿Quieres dejarme que salte yo primero?

- ¿Cómo? ¡Estás loco, muchacho! Tú lo tienes todo, toda la vida es tuya para hacer lo que te plazca.
- No, yo no quiero vivir, pero quiero que tú si vivas. A mi no me importa nada morir, pero no quiero que tú ni nadie llegue a suicidarse, porque eso sólo lo hacen los cobardes. Cuando vi que ibas a saltar, pensé en el por qué ¡No tienes derecho a hacer eso con tu vida! Luego, según hablabas , vi que tú tenías más razones que yo para morir, pero ninguna merece la pena, ni las tuyas, ni las mías. A los dos nos hace falta un poco de cariño, a tí te hacen falta muchas cosas más, un hogar, una familia, la ropa, comida. Tú crees que yo lo tengo todo porque soy joven, y sin embargo yo soy quien creo que tú lo tienes todo, libertad para hacer todo lo que quieras, en donde desees, comer lo que tengas ganas. Yo quisiera ser como tú, no preocuparme por ningún problema, no pensar en nada, ni en nadie que pueda herirte. Yo creía que sólo los vagabundos eran felices y libres.
Mira, él, ese pequeño perrito también está solo como tú, sin familia. Es tuyo ahora. ¿Ves? ¡Si existe alguien que te quiere! Los dos sois vagabundos y viejos a quien nadie quiere, pero mira, él si te quiere, te está lamiendo la mano, creo que tiene hambre . ¡Se ha comido casi todo tu pan ¡
¿Querías que te diera una razón para vivir? Ya la tienes, ese perrito te necesita, necesita tu cariño y tú necesitas su cariño. ¡Hay alguien que te quiere! Ya no dormirás solo en el banco del parque, ya habrá alguien cuando duermas, a tu lado. Ya no andarás solo por las calles.
¡Vive por y para él!
- Gracias muchacho, así lo haré, nunca mas volveré a estar solo . No quiero ser ingrato, pero escucha, toda la vida está en tus manos, no la estropees. Sé que te importa poco a nada vivir, pero eso sólo son cosas de chiquillos. El tiempo pasa muy despacio a tu edad. No lo estropees. Yo he encontrado mi razón, un perrito, es muy simple. Busca la tuya.

- La mía esta muerta, murió ayer. Yo la mate, fue culpa mía. Ella no quería venir, pero yo insistí una y otra vez y yo la maté, no debía haber venido, ella no quería y yo la obligué.
El accidente fue horrible y yo la maté
- Mírame, mira como soy, como estoy ¡Aun tengo ganas de vivir! Tú la has perdido, pero antes la tuviste contigo, yo no he tenido nunca a nadie que me quisiera. ¡Vive aunque sólo sea para su recuerdo! ¡Vive para su recuerdo! ¡Para su recuerdo!. Dices que tú la mataste, pues paga tu culpa viviendo por los dos, si mueres, nunca podrás pagar lo que le hiciste ¡Vive por los dos! Di : te consagro a ti este trabajo, este libro, esta mañana ¡Vive por ella! ¡Que todo lo que hagas sea por y para ella ¡ ¡Ves pagando tu culpa amándola más y más, diciéndola cada día que vives para que ella no muera! , porque si tú mueres, ¡Ella morirá contigo! ¡No la mates otra vez!
- No, ¡No quiero matarla! Gracias, amigo, ¡Me importas! ¡Yo te he escuchado! Me has dado tu mano y yo te la he cogido, no eres un cero, tú tienes valor
- A pesar de mi edad, hoy he vuelto a nacer de nuevo. Tengo un poco de dinero de las limosnas de hoy, lo iba a emplear en un bocadillo antes de pensar en saltar ¿querrás aceptarlo si te invito a una taza de café?
- Si, Y después cada uno seguirá su propia vida sin miedo nunca más. Tú a vivir lo que te queda de vida junto a tu perro y yo a vivir por ella
- Porque vivir hay que hacerlo poco a poco, cada día.
Vamos, mañana siempre habrá un mañana.

El aparecido

El aparecido

Me cuentan que en las noches sin luna suben lamentos por el camino que los lugareños a veces confunden con la brisa entre las ramas ó el gemido de las gatas en celo a los lejos.
Suben gemidos por el camino. Sollozos de diverso acento, de diverso tono, unos graves, otros agudos, que tan sólo oyen, a miles de kilómetros, los parientes de los desaparecidos.
La sombra de los álamos se cimbrea en la distancia, junto a un camino polvoriento de la ruta del peregrino, a la salida del pueblo, por el cual, en las noches sin luna suben lamentos confundidos. En las noches sin luna.
Crecen hierbajos a los pies del pozo, plantas que se riegan con el agua sacada con la polea que cuelga sobre la cruceta de hierro que se ancla en el brocal y sostiene una soga en cuyo extremo baila un caldero de metal, de pesado y reluciente bronce que brilla cual si lo hubiesen recién pulido, recién parido de la fragua de Vulcano, para saciar la sed del caminante que pasa, da las gracias y deposita dichoso una moneda en el pozo, en el pozo de los deseos.
La sed se sacia, el deseo se pide, se dan las gracias, se besa el caldero, se descansa a la sombra de los álamos del camino, se toma pan con queso, se canta, se lava la cara, se regala una moneda que baja por una garganta oscura y se la oye chapotear creando olas en el mar, en el fondo oscuro de un pozo que escucha en silencio los deseos y decide si son merecidos en un consejo de sabios que se reúnen formando un corro alrededor del premio recibido.
El agua tiene un don especial, tiene duende, tiene alma, sabe y entiende, entiende de monedas falsas y monedas de plata, por ello cuando una se zambulle portando su deseo dentro, entre el líquido y frío elemento, es capaz de discriminar, de discernir aquellas que aportan algo, de las que andan vacías de sentimientos y las guía hacia el fondo, hacia el reino de los sabios, colocándolas cruz ó colocándolas cara.
Los deseos nimios, frívolos y ampulosos son rechazados de inmediato, no se les hace el más mínimo de los casos, es cuando el agua del pozo deposita la moneda con la cara oculta y la cruz mirando hacia fuera.
Si sale cara, guiada por las frías aguas, es por que la moneda encierra deseos imposibles, quiméricos y utópicos y ningún sabio tiene el poder de concederlos.
Y así son el 99 % de los deseos. Olvidados, rechazados, no atendidos.

Pero hay monedas que se tambalean, pelean, luchan con fuerza por mantenerse, incluyen deseos realizables al alcance de los mortales y el agua las conduce hacia la asamblea donde se debatirá la acción a realizar. Poseen un brillo especial, un sabor amargo, visos de realización, retazos de maldad, de maldad pintada en la cara, de desgracias esculpidas en la cruz. Son deseos malignos, negativos, de venganza, de tragedias sobre cabezas ajenas, peticiones de daños morales, materiales ó espirituales, y es cuando el pozo decide, decide a tiempo, antes que el destino se haga infortunio y la realidad se vista de desventura, antes que los hombres deseen realizar por sus propias manos los hechos deseados, y como jueces de un futuro aun venidero, anticipándose a ello, los sabios juzgan y dictan sentencia de muerte, el viento cimbrea los álamos del camino, la arena ciega los ojos, unas manos invisibles que empujan suavemente a un caminante pedigüeño de viles deseos hacia un abismo, se escucha un grito y un cuerpo cayendo hacia el infinito y un chapoteo entre las aguas, seguido de un lamento, lamento que se escuchará las noches sin luna, cuando los espíritus malditos ascienden por la pared hasta el brocal del pozo, donde expiarán sus culpas y llorarán con gemidos sentidos sus patéticos deseos de desdichas y desastres ajenos, y sus propias cabezas quedarán esculpidas esa noche en la roca, que tan sólo el agua y los gatos puedan verlas, y por sus bocas se escaparán los sonidos de súplica implorando ante los álamos del camino la libertad de su encierro y el perdón de sus malos deseos
En esa noche, cuando en otros lugares, en sus sueños, hay personas que les llegan sus susurros con palabras de perdones y arrepentimiento.
Sólo en las noches sin luna se oyen las disculpas.
Los lugareños cuentan que hay noches, que mezclados con los lamentos que suben por el camino se oye el chirriar de la soga y un caldero ascendiendo que ellos confunden con el croar de las ranas y el silbido del viento, pero el pozo sabe que es un espíritu que ha pasado la prueba del purgatorio, ha sido rescatado del fondo del pozo, ascendido en volandas en un caldero de bronce reluciente y ha de seguir camino, una nueva etapa, tras pagar y expiar su culpa, tras comprobar los sabios que no queda rastro de deseos malditos en su moneda falsa que un día arrojó al pozo de los deseos, y ellos escuchan como los mortales, en el nuevo día, le llaman “el aparecido”.

Besos en el espejo

Besos en el espejo

Me dicen que estoy loca porque llevo flores blancas en el pelo, porque me oyen hablar con mi imagen en el espejo, porque ando descalza por el parque en invierno, porque recojo piñones del suelo, porque le digo piropos a los viejos, porque extiendo los brazos cuando hace viento y camino por los bordillos imitando a un payaso que ándase sobre un hilo de acero con una pértiga en las manos haciendo equilibrios.
¿Nunca habéis probado a soltaros de manos, mientras paseáis en bicicleta, extender totalmente los brazos y mirar al cielo en un día nublado, cuando las gotas de lluvia lamen vuestro rostro, al descender por un camino solitario?
Me dicen que estoy loca porque me tumbo en los bancos mirando las hojas de los árboles.
Qué digan y que miren.
Una cigüeña pasa camino de la charca.
Estoy cansada. Muy cansada. Infinitamente cansada y acalorada. Alocada dicen.
Estoy cansada ya que … ¿creéis en la reencarnación? . Yo antes era lechuga, ahora soy deportista, por ello, a veces, estoy cansada. Pero jamás cambiaría a mi vida anterior.
¡ Es tan aburrido ser lechuga ¡
Me gusta hablarle a mi imagen en el espejo y a ella le cuento mis más íntimos secretos, por eso y por mucho más, por ello me tachan de estrafalaria, de rubia de cuento de hadas que busca el placer en la locura.
La locura es el placer que sólo el loco conoce.
Pláceme mucho ser tachada por loca.
Cuando te veo en el espejo te comento lo elegante que me pareces con tu traje negro y tus flores blancas en el pelo, lo joven que aun luces sin maquillaje, y a veces, cuando te vistes con un traje triste, procuro contarte un chiste, una locura ajena para que echen a volar tus penas y una cigüeña se las lleve en el pico muy lejos, más allá de la torre de la iglesia, hasta la charca donde las ranas bailen flamenco.
Por ejemplo, te puedo contar que estuve a punto de atropellar a un loco, que en la noche, ebrio de alcohol y amor, se arrodilló delante de mi coche, cual torero con capa esperando la salida de un toro fiero a la puerta de chiqueros, mientras alborotaba el silencio y me gritaba palabras apasionadas y delirantes, voceándome “Wuapa, Wuapa, Wuapa” y se puso a cantarme una balada romántica en el inicio de aquella cálida madrugada.
Otro loco como yo.
¿Sabías que arrancó una rosa que colgaba por entre la tapia de una casa, trepando sobre su muro, y que con su mano ensangrentada me la ofreció por la ventana?. ¿Qué arranqué una espina de su piel? ¿Qué cure su herida? ¿Qué despertamos juntos en la misma cama esa mañana por primera y última vez?.
Te me ríes cuando te cuento estas historias … ¿inventadas? . Eso … ¿Qué más da? . No tiene la menor importancia, lo único cierto es que tu traje triste se fue con las ranas a bailar flamenco a la charca y te quedó, nos quedó a ambas, una sonrisa reflejada sobre el cristal del espejo que hace frontera entre nuestras dos almas gemelas.
Derramé mi vaso de té al limón sobre mi sufrido pantalón, fue sin querer, que yo no estoy loca, loca estuve ayer, y fue por … un desastre, los expedientes mojados, el jefe chillando, y el despido volando sobre mi cabeza a pájaros. Mi padre fue comprensivo, esta vez no me despidió, pero me dijo que bajara de la luna y le estampé un beso para apaciguar su enfado.
Ojalá se le pasaran los enfados como a mi se me pasan, con un beso, un beso tierno, sentido, emotivo y delicado, y es por ello por que yo también me beso en los espejos, a falta de un príncipe encantado, y es justo cuando mis labios están a punto de besar los míos cuando cierro los ojos y te imagino y noto el roce frío del cristal sobre ellos y mi lengua penetrando entre tus dientes blancos. Hay veces que enfermaba, qué mis labios se me aparecían purulentos, pero ahora la gente se extraña cuando me ve limpiando los espejos con alcohol. Se creen que estoy loca. Pero se me va el enfado, la ira y la rabia se me pasa.
Se creen que estoy loca porque oyeron chillar a una niña de pelo color zanahoria que me había pedido que empujara su silla de ruedas por la empinada carretera desierta que descendía en una pequeña cuesta de suave pendiente, y quería sentir el aire en su rostro y la velocidad en su cuerpo paralítico. Le vi extender los brazos y gritar, cual si estuviese montada en un cacharro descendiendo la rampa de una montaña rusa de un parque de atracciones, mientras yo corría detrás de ella animándola a no frenar y a sentir el viento mesando sus cabellos naranja. Mientras ambas le aullábamos a la luna, como dos desesperadas.
Le lancé un piropo. Me despidió con un beso.
Le he de regalar un bastón para que se levante de esa silla y me acompañe en mis paseos descalza por el parque para ulular con las lechuzas y ladrarle a las ardillas y abrazarnos a los troncos de los árboles agarradas de las manos mientras jugamos al corro la patata estrechamente ligados a la corteza de nuestro árbol, dando vueltas, sin bastón, a su derredor.
Hay un cuervo que me mira, que me envidia, que me grazna desde la rama seca de un pino, aletea sus alas, me abanica la mirada, pretende acercarse, pero le da miedo de … ¿de qué le retuerza el pescuezo? . ¿Del contagio de mi locura? .
Bichejo. Si yo tan sólo te plantaría un beso. Aunque seas negro, aunque seas pájaro de mal agüero. ¿No quieres el placer de mi locura? .
No, no soy ninguna caradura, aunque mis besos en el espejo me saben tan sólo a sueños.